8 de diciembre de 2011

Clitemnestra

(Clitemnestra, de John Collier)

MUJERES  MALAS  y  PERVERSAS


Nacer mujer es, de por sí, toda una aventura y, desgraciadamente en algunas culturas supone una condena.
El papel de la mujer a través de los siglos ha sido el determinado por el hombre. La mujer ha vivido a lo largo de los siglos bajo el dominio del varón. Los breves brotes de rebeldía femeninos fueron rápidamente apagados por una sociedad hecha por y para hombres. Precisamente aquellas mujeres, que no todas, que fueron rebeldes con el sistema en el que vivían...fueron consideradas por la sociedad como malas y perversas.
Es de esta manera como quiero presentaros a mi protagonista, Clitemnestra, una mujer perversa donde las haya o al menos así fue descrita por plumas envenenadas que habían de confiar su obra a la inmortalidad, tintas sombrías que rezuman auténtico odio por el género femenino.

Utilizando principalmente como fuente la tragedia Electra, de Sófocles, voy a presentar una interpretación personal de la figura de Clitemenestra, una mujer de mito que rompe con los estereotipos femeninos dominantes de la sociedad griega


Clitemnestra (hija de Leda y Tindáreo, hermana de Cástor, Pólux y Helena) se  casó muy joven con Tántalo, a quien perdió junto con la hija de ambos a manos de Agamenón, quien después la obligó a tomarle como esposo.
Clitemnestra años después tuvo que soportar también la muerte de otra de sus hijas, Ifigenia, a manos de su propio padre. Ifigenia fue sacrificada por Agamenón a fin de que su flota pudiera contar con vientos favorables para llegar a Troya.
(Sacrificio de Ifigenia, de Giambattista Tiepolo)
De aquí que se pueda entender el crimen que posteriormente llevaría a cabo junto con su amante y aliado Egisto.
Tuvieron diez años para planear una manera de darle muerte y que la profecía se cumpliera. Existía una profecía según la cual Agamenón no podría recibir muerte ni en tierra ni en agua, ni desnudo ni vestido, ni dentro ni fuera de casa; esta profecía parecía prometerle inmunidad ante una muerte violenta, pero las argucias de Clitemnestra se encargarían de truncar la profecía para que éste muriera según los términos que en ella se marcaban.
Para el regreso de Agamenón la reina había dispuesto recibirlo con una alfombra púrpura por la que el rey avanzó al desmontar de su cuadriga. Aquel gesto desagradaría a los dioses, pues el privilegio de emplear tejidos púrpuras les correspondía exclusivamente a ellos. Clitemnestra lo acompañó después a tomar un baño antes del festín de bienvenida. De repente, se oyeron unos gritos procedentes de la sala del baño y, acto seguido, se hizo el silencio. Agamenón había sido asesinado de acuerdo con la profecía. La sala de baño fue construida en el lateral del palacio, de tal modo que no quedaba ni dentro ni fuera. Clitemnestra esperó a que éste estuviera con un pie en la bañera y otro en el suelo para atraparlo lanzándole una red. Egisto se abalanzó entonces sobre él, hacha en mano, y entre los dos le dieron muerte.

En la tragedia de Sófocles se presentan las consecuencias de tal acto: en “Electra”, Orestes, ya adulto, da muerte a su madre para vengar el asesinato de su padre.

Sófocles describe a Clitemnestra según palabras textuales como “ser odioso y perverso, en la medida en que puede serlo cualquier mujer”. Pues las mujeres en la antigua Grecia eran consideradas “tontas” hasta para hacer el mal. También se la describe como “espíritu maléfico”. En cambio Sófocles perdona el matricidio cometido por Orestes por considerarlo totalmente justificado puesto que ha hecho que su madre, la adúltera y despiadada asesina, pagara por el crimen cometido.

Sin embargo a partir de los diálogos de Clitemnestra en la tragedia, yo veo no a la mujer perversa que describe Sófocles sino a una mujer presa de la rabia y la venganza por la muerte de dos de sus hijos a manos del que era su marido:

(Discusión entre Electra y Clitemnestra en la que ésta le presenta el porqué de sus acciones)

Clitemnestra: - En efecto, que tu padre ha muerto a instancias mías constituye para ti ninguna otra cosa sino un mero pretexto siempre a punto. A instancias mías, sí, bien lo sé. No está en mí renegar de ello. Pues la justicia, no sólo yo, lo apresó, con la que debías colaborar tú si fueras sensata. Porque ese padre tuyo a quien lloras sin cesar fue el único entre los griegos que osó sacrificar a los dioses a un ser por el que corría tu misma sangre, porque no sufrió fatigas dolorosas igual que yo cuando la engendró como yo la traje al mundo. ¡Ea! Enséñame ya en razón de qué, de quiénes quiero decir, la sacrificó. ¿De los griegos, dirás acaso? Sin embargo no competía a ellos matar a la que no era más que mía. (…)

(Momento en el que Clitemnestra recibe la noticia de la muerte de su hijo Orestes, aquel  que le traería la muerte para vengarse por lo que le habían hecho a su padre)

Clitemnestra: - ¡Oh Zeus! ¿Cómo son estos hechos? ¿En cuál de los dos sentidos los interpreto, afortunados o espantosos, pero ganancia al fin? Por lo demás es triste si salvo mi vida a costa de mis propias desgracias.

Clitemnestra: - Cosa formidable es dar a luz, pues ni siquiera recibiendo mal le entra a una odio contra los que da a luz


Estos son algunos de los diálogos extraídos del texto que en mi opinión reflejan el verdadero carácter de Clitemnestra, pues incluso cuando se entera de la supuesta muerte de su hijo Orestes, aquel que ella sabía que le daría muerte, siente pena, porque no deja de ser su hijo.


Pienso que Clitemnestra fue una mujer que buscó luchar contra el crimen injustificado  y rebelarse contra lo establecido. Una mujer que defendió el amor hacia los hijos por encima de todo. Aunque no se puedan justificar sus acciones, sí pueden comprenderse y quitarle la gran losa de mujer mala y perversa que le han querido atribuir.

Lo que he pretendido con esta visión de Clitemnestra es ofrecer mi opinión y no tanto un alegato feminista. Pero ocurre que irremediablemente lo uno lleva a lo otro, y eso es algo que ni he podido ni he querido evitar, pues ¿es verdaderamente cierto que Clitemnestra sea mala y perversa? ¿No será, más bien, que su conducta es el fruto de su lucha por sobrevivir en un mundo hecho por y para hombres?

Agamenón

Redoblan incesantes los tambores
golpeando la noche ensangrentada,
y se asoma la luna amedrentada
temerosa de ver nuevos horrores.
Ella esgrimió el puñal de los traidores,
y su amante blandió cobarde espada,
y el rey que no perdió en la guerra nada,
rindió la vida a los conspiradores.
Triste y cruel destino, que al guerrero
arrastra sobre el campo de batalla
privándolo de amor y juventud;
y al regreso, su espíritu de acero
se quiebra ante la insólita muralla
de la traición que le abre su ataúd.
Los Angeles, 18 de Agosto de 1998, por Francisco Alvarez Hidalgo.

Mi poema:
Este poema nos muestra el resentimiento que sentía Clitemnestra hacia Agamenón después de que hubiera matado a dos de sus hijos.




CLITEMNESTRA. RECUERDOS QUE MATAN

Estoy cansada de estar así.
Oprimida por mis sentimientos
desconsolada en mis lamentos.
Hay tanto que el tiempo no puede borrar...
tanto que el tiempo no podrá curar.
Siento que lejos de mi os consiguió llevar
pero nunca podrá hacerme olvidar.
Hay heridas que parecen no cicatrizar
cuando el dolor es demasiado profundo,
demasiado real.
Cuando no pueda sentir la noche comenzar
será porque el viento le oirá gritar.
Cuando no pueda escuchar su aliento al respirar
será porque yo lo hice apagar.

5 de diciembre de 2011

La paciente Penélope


PENÉLOPE, la más fiel de las esposas. Mujer, que con una paciencia inagotable, espera la vuelta de su marido de la guerra.


Francesco Primaticcio, Penélope y Ulises.

Penélope es la mujer de Odiseo, valiente guerrero que marcha a la guerra de Troya. De esta unión, nace Telémaco, cuando Penélope es aún joven, cargando ésta con toda la responsabilidad cuando Odiseo ha de partir a la guerra. Leemos aquí un fragmento donde Odiseo da a entender cómo Penélope ha de madurar pronto puesto que con poca edad, ha de hacerse cargo de un niño:


“Mi esposa es mujer y mortal, que de mente bien cuerda y honrado sentir en su pecho, es la hija de Icario, Penélope, insigne en prudencia: desposada en su flor juvenil la dejamos nosotros al partir a la guerra y un niño tenía en su regazo”.


Penélope y su hijo, Telémaco. A.W.Boguereau.


Después de los diez años que duró la guerra de Troya, Odiseo empleó otros diez más en su viaje de regreso al hogar, durante el cual vivió multitud de aventuras. A Ítaca había llegado la falsa noticia de que Odiseo había muerto, y por eso le surgen a Penélope muchos pretendientes, ya que el que se case con ella llegará al trono. Pero Penélope mantiene firme sus pensamientos creyendo que su marido todavía vive:

“solo a veces la discreta Penélope allá me hace ir al arribo de algún hombre que viene con nuevas de un lado o de otro”.

Como no desea casarse, para evitarlo hace un pacto con los pretendientes: no decidirá con quién casarse mientras no termine de tejer el sudario que le va a hacer a Laertes, el padre de Odiseo. A lo largo de varios años, mantiene a los pretendientes engañados, ya que, lo que tejía durante el día, por la noche lo deshacía. Pero un día fue descubierta por una criada, que no tardó en informar a los pretendientes y éstos la coaccionaron para que eligiera a uno de ellos.
En estos fragmentos podemos leer del tremendo sufrimiento de Penélope:

“Voy, Telémaco, ya a recogerme en mis salas de arriba, a ocupar aquel lecho doliente que empapan mis ojos con sus lloros sin fin desde el día en que a Ilión marchó Ulises."
“¡Ojalá que ahora mismo la castra Artemisa me diera blanda muerte también para no consumir más mi vida en la pena, añorando el valor y las prendas sin cuento del esposo querido”

Al llegar a Itaca, Telémaco presenta a su padre frente a los pretendientes como un mendigo. Estos lo tratan con desprecio y ambos terminan matando a todos los pretendientes con el arco que sólo Ulises puede manejar.

Homero describe a Penélope como una mujer discreta y de hermosa figura, igual a una diosa, totalmente fiel a su marido.
“La discreta Penélope luego llegó a su estancia, semejante a Artemisa en figura o a la áurea Afrodita”.

Y también la muestra en el Canto XIX como una mujer llena de ira y muy indignada. Aquí la vemos dirigiéndose a una esclava:

“¡Oh atrevida! ¡Oh impúdica perra! Bien queda a mi vista este ultraje que habrás de limpiar con tu propia cabeza.



Como no podría ser de otra manera, muchos poetas se han inspirado en este mito para componer un poema. A continuación, adjunto algunos de estos poemas.


POEMA 1.
Jorge Luis Borges

Odisea, libro vigésimo tercero
Pertenece al libro: El otro, el mismo (1964)


Ya la espada de hierro ha ejecutado
La debida labor de la venganza;
Ya los ásperos dardos y la lanza
La sangre del perverso han prodigado.

A despecho de un dios y de sus mares
A su reino y su reina ha vuelto Ulises,

A despecho de un dios y de los grises
Vientos y del estrépito de Ares.

Ya en el amor del compartido lecho

Duerme la clara reina sobré el pecho
De su rey pero ¿dónde está aquel hombre

Que en los días y noches del destierro
Erraba por el mundo como un perro

Y decía que Nadie era su nombre?


En este poema el poeta hace referencia al momento en el que vuelve Ulises a Ítaca.
Jorge Luis Borges se inspiró en muchas ocasiones en la Mitología Clásica y ha sido por ello un gran difusor de los clásicos.



POEMA 2.
Rut Roncal

Hoy te espero tejiendo una hermosa bufanda
intercalo colores, entre besos y ansias
En el jardín florecido de esperas inquietas
Mi corazón te llama y mi mente te sueña

OH mi Ulises querido, cuanto te amo en silencio
necesito tus besos, necesito palabras
tú rey de mi vida, sabes cómo endulzarme
y en un banco callado voy bordando esperanzas

Atraviesa tu barco, esas aguas revueltas
repletas se sirenas que a tu paso te llaman
te dedican su canto y embrujarte pretenden
no las escuches, amor, regresa a tu casa

Me acompañan níveas palomas
con sus trajes de gala, sus arrullos recuerdan
cuando tú me arrullabas tocando mi piel
cuando tierno y amoroso a mi te abrazabas

El tiempo ha pasado y mi amor que es eterno
te sigue esperando, no importa que en la noche
deshaga mi bordado y comience de nuevo
No habrá otro galán que acaricie mis manos

Soy tuya Ulises, mi amado, tesoro de mi espera
Los dioses bendijeron nuestra unión para siempre

Yo te amare más allá de la muerte
Y en este banco espero, ansiosa que llegues…

Penélope




Penélope esperando a Ulises. Pintura de Waterhouse.
POEMA 3.
Francisco Álvarez Higalgo;
Winnipeg, 20 de Octubre de 1999

Penélope
¿Dónde estarás, amor? ¿Qué extraños mares
surcas bajo la cólera violenta
de vengativos dioses, mientras lenta
cada noche acentúa mis pesares?
Me siento extraña en nuestros propios lares, sujeta a las presiones y a la afrenta de cada advenedizo, que acrecienta su ambición entre copas y cantares.
No tardes, apresura tu regreso,
que se me ha helado ya el último beso,
y mi cuerpo ha olvidado tu calor.
Que estoy, como el fiel Argos, desvalida, ciega y sorda sin ti, casi sin vida, pero guardando incólume mi amor.





Penélope pensando. Rudolph von Deutsch.

Todos los poemas que habéis leído hasta ahora, cuentan algun fragmento de la Odisea. Se han inspirado en una versión en la cual Penélope espera en Ítaca a Ulises a que vuelva de la Guerra de Troya. Ésta, por muchos pretendientes que lleguen a su residencia, se mantiene fiel a su marido.
Pero... ¡ATENCIÓN! porque.. sin embargo, no todos los poetas han seguido esta versión del mito. He encontrado uno en que asistimos a una versión nueva del mito, es decir, cuentan que Penélope no espera a su marido, sino que se va con otros o se empieza a sentir atraída por otro hombre. Una de las poetas que ha optado por un final alternativo al que estamos habituados a escuchar, es Claribel Alegría. Y aquí os enseño el poema y una grabación en voz de éste, grabada por mi profe.( je, je)
( Haz clic en el título para escuchar la grabación).

Claribel Alegría

Mi querido Odiseo:

Ya no es posible más
esposo mío
que el tiempo pase y vuele
y no te cuente yo
de mi vida en Itaca.
Hace ya muchos años
que te fuiste
tu ausencia nos pesó
a tu hijo
y a mí.
Empezaron a cercarme
pretendientes
eran tantos
tan tenaces sus requiebros
que apiadándose un dios
de mi congoja
me aconsejó tejer
una tela sutil
interminable
que te sirviera a ti
como sudario.
Si llegaba a concluirla
tendría yo sin mora
que elegir un esposo.

Me cautivó la idea
que al levantarse el sol
me ponía a tejer
y destejía por la noche.
Así pasé tres años
pero ahora, Odiseo,
mi corazón suspira por un joven
tan bello como tú cuando eras mozo
tan hábil con el arco
y con la lanza.
Nuestra casa está en ruinas
y necesito un hombre
que la sepa regir
Telémaco es un niño todavía
y tu padre un anciano
preferible, Odiseo
que no vuelvas
los hombres son más débiles
no soportan la afrenta.

De mi amor hacia ti
no queda ni un rescoldo
Telémaco está bien
ni siquiera pregunta por su padre
es mejor para ti
que te demos por muerto.
Sé por los forasteros
de Calipso
y de Circe
aprovecha Odiseo
si eliges a Calipso
recuperarás la juventud
si es Circe la elegida
serás entre sus chanchos
el supremo.
Espero que esta carta
no te ofenda
no invoques a los dioses
será en vano
recuerda a Menelao
con Helena
por esa guerra loca
han perdido la vida
nuestros mejores hombres
y estas tú donde estas.
No vuelvas, Odiseo
te suplico.

Tu discreta Penélope





Penélope ( Esta escultura se encuentra en el museo del Vaticano).

Y por último, no podía terminar este post, sin un poema de creación propia que haga referencia a este mito. Yo he optado por la versión más clásica, versión en la que Penélope espera durante años la llegada de su marido fielmente.


Emma Calero
Oh Penélope desgraciada,
que tan sola estás en tu morada.
Triste es tu mirada
que en el horizonte está obsesionada

"Oh Ulises, cuanto de menos te echo,
sin ti cuanto vacío hay en mi lecho.
Tú eres lo que más feliz me hace,
es un hecho.

Esperándote estoy a las puertas del deseo,
ya que solo tú eres mi romeo."

Mientras ella tanto de menos le echa,
él también en ella piensa:

“Le pido a los dioses que me lleven rápido a tu lado,
de solo verte en mis sueños estoy cansado
cuánto daría por rozar tus labios,
el no tenerte solo me provoca desvarios”

Él el corazón le arrebató,
mas su retardada vuelta la destrozó.

A su vuelta “gracias, por cuidar de mi hijo”,
él a ella le dijo. Más también:
“Con tus ojos como estrellas y tu sonrisa de cielo,
formaría el firmamento.
Y con tu rostro angelical y tu voz de lucero,
te abriría el corazón entero.

Quisiera ser dios para hacer con tus ojos las estrellas
y con tu sonrisa el cielo,
para con tus cabellos los rios
y con tu voz el sonido del viento”.

30 de noviembre de 2011

Casandra habla.




En el Hades

Todas las almas allí reunidas contaban historias de sus vidas pasadas y ahora era mi turno. Dudaba, puesto que ya estaba muerta; pensé, y todo aquello que había dejado atrás ya no era relevante. Sin embargo, tampoco tenía nada mejor que hacer en aquel eterno paraíso. Ya ni siquiera me asaltaban mis proféticas visiones, pues en la muerte no existe el tiempo y no hay pasado ni futuro.

Comencé mi relato, segura por una vez de que aquellos que me miraban expectantes me estaban escuchando y, sin duda alguna, me creerían.

"Tuve la suerte, o la desgracia, de nacer en el seno de una familia noble, en la ciudad de Troya. Príamo, el rey de la ciudad, era mi padre, y Hécuba, su segunda esposa, mi madre, y madre también de otros muchos hermanos y hermanas mías, de entre las cuales yo era la más hermosa, decían. Y hasta tal punto era cierto que uno de los dioses se encaprichó de mí, Apolo, que me otorgó el don de la premonición a cambio de entregarme a él.

Ya en posesión de los poderes que me había prometido me negué a aceptar mi parte del trato y, herido por esto, Apolo me maldijo de modo que a partir de ese momento, nadie creería una palabra que saliera de mi boca. ¡En qué mal momento le rechacé, pues este es el principio de todas mis desgracias!

Vi, impotente, cómo los griegos asaltaban la ciudad de mi padre, por la noche como viles ratas, saliendo del interior de un enorme caballo de madera, hueco por dentro que, fingiendo retirarse de la excesivamente larga guerra, nos dieron nuestros enemigos como ofrenda a los dioses. Terrible fue para los troyanos no creer en mis palabras, pues al ver aquel colosal monstruo de madera vi claro lo que escondía. Nadie me escuchó.

Soy yo, Casandra.
Y ésta es mi ciudad bajo las cenizas.
Y éste es mi bastón y éstas mis cintas de profeta.
Y ésta es mi cabeza llena de dudas.

[..]

Yo tenía razón.
Sólo que eso no significa nada.
Y éstas son mis ropas chamuscadas.
Y éstos, mis trastos de profeta.
Y ésta, la mueca de mi rostro.
Un rostro que no sabía que pudiera ser hermoso. (1)




Fui a refugiarme al templo de Atenea, tratando de escapar de aquella masacre, muerta de miedo. Allí me encontró Áyax, el Menor, uno de los líderes del ejército griego, y cogiéndome de los cabellos, me arrancó de los brazos de la estatua de Atenea y allí mismo, dentro del templo, me forzó a yacer con él. No atendió a mis quejidos ni a mis súplicas.

Me llevó después a los barcos, como parte del botín que habían conseguido de Troya y, al subir a la nave, sonreí, sabedora del terrible final (2) que le esperaba a aquél que me había quitado la virtud, pues Atenea se había sentido muy ofendida por sus actos.

Partieron por fin las naves, y vi cómo el mar se interponía entre la tierra que me había visto nacer y yo. Arrancada de mi patria por una guerra que nunca debió empezar. ¡Maldita Helena y su belleza divina! ¡También el cobarde Paris, mi hermano, del que predije que traería la desgracia y como siempre, nadie me creyó! (3)

Me entregaron así a Agamenón, hermano de aquél que había empezado la guerra, Menelao y, nada más poner un pie en sus tierras, se me revelaron los designios de mi desgracia y mi terrible destino.

[...] De todo alguien medita la venganza:
es un león, oh sí, un león que anda
suelto por el palacio y se revuelca
en su lecho, esperando la llegada
del señor que regresa, de mi dueño,
puesto que he de soportar el yugo esclavo.
Y el jefe de las naves que un día
Troya arrasara, ignora las maldades
que ha tramado esa lengua odiosa
de perra que, hace un rato le lamía
y le irguió, afectuosa, las orejas.
A tal se atreve: la hembra es la asesina
del macho. [...] (4)

Fui terriblemente asesinada por la mujer de aquel que me tenía como amante. Morí por un amor que no era mío… Corta y triste vida la mía."

Así finalicé el relato de mi vida, puesto que ahí había acabado. Desde entonces vago a la espera de una nueva vida en el Hades. Una mujer, conmovida por mis palabras, acarició mi pelo y comenzó a cantar una canción, que sentí que resumía todo lo que había vivido.

Una niña triste

que camina por la arena,

ropas blancas viste,

retorna a la ciudadela.

Presurosa corre, parece traer nuevas.

Nadie la supera aquí en belleza.

Desconsolada llora

porque nadie entiende su idioma,

salen augurios de muerte de su boca.

Pasará la vida llorando y

la tomarán por loca


Un día se irá en un barco,

Se cerrarán sus ojos y encontrará eterno descanso. (5)



(1) Primera estrofa y última del poema “Monólogo para Casandra” de Wislawa Szymborska, poetisa polaca nacida en 1923 que obtuvo el Premio Nobel de literatura en el año 1996.


(2) Poseidón, incitado por la enfadada Atenea, hace que el barco en el que navega Áyax colisione contra unas rocas.


(3) Casandra predijo que París iba a ser el causante de la guerra de Troya, al raptar a Helena, esposa de Menelao.

(4) Fragmento de la tragedia "Agamenón" de Esquilo. Extraído de la edición de José Alsina Clota, Cátedra. Año 2000.

(5) Poema propio.

Fuentes utilizadas: Wikipedia, Tragedias de Esquilo, edición de José Alsina Clota, Cátedra, año 2000. Internet.

8 de noviembre de 2011

Calipso.

En la mitología griega, Calipso, era, según Homero el nombre de una bella hija del titán Atlas, que reinaba en la hermosa isla de Ogigia. Calipso pertenecía a las ninfas y era hija de Atlante y Pléyone. Otras versiones dicen que era hija de Helio (el Sol) y Perseis, y que era hermana de Circe y Eetes.
Cuando Odiseo, que se hallaba a la deriva tras naufragar su barco, llegó a esta isla Calipso le hospedó en su cueva, regalandole manjares, bebida y su propio lecho. Le retuvo así durante siete largos años, teniendo de él cuatro hijos: Nausítoo, Nausínoo, Latino y Telégono. Calipso intentó que Odiseo olvidara su vida anterior, y le ofreció la inmortalidad y la juventud eterna si se quedaba con ella en Ogigia. Pero el héroe se cansó pronto de sus obsequios, y empezó a añorar a su mujer Penélope.
A continuación tenemos dos poemas que hablan de Calipso:


Poema de Calipso





Batallas son de amor, también de sueño.
O son sueños de amor o, sólo en sueños,
amor. Batallas son
que libra con su cuerpo y con el cuerpo
de ti.
..........Con tus manos sujetas
su sueño, construyes
su amor, destruyes...
¿Qué destruyes si en tus manos es sueño
y si sueña tan sólo con tus manos?

Calipso (un viejo poema)



De las llanuras del oscuro ponto,
de la mudable ley de viento y luna,
llego a la dulce rada de tus brazos.
.........Ponte de oscura.

Ponte las medias negras, teje el vértigo
de la alta seda, y lenta vierte el vino
sobre tu piel, y bajo las estrellas
.........baila, Calipso.

El mundo canta al fondo de tus ojos
el verso azul y la canción profana.
Déjame hundirme en ti, que aullando vienen
.........las horas pálidas.

En tu cintura se aboveda el tiempo
y es medianoche siempre entre tus piernas.
Aunque un desnudo sueño seas, quédate
.........sólo con medias.





Se trata de poemas narrativos que reproducen fielmente algún pasaje del mito clásico. El primer poema esta escrito por Jorge Urrutia: Poeta, ensayista y catedrático universitario de literatura española, nacido en Madrid. Su padre tambien es poeta, Leopoldo de Luis Urrutia. Entre sus libros destacan, Lágrimas saladas (1966), Delimitaciones (1985) y la travesía (1987), que marca el inicio de una nueva etapa en su obra, de mayor simbolismo y concentración. También es importate mencionar Una semiótica de África (2000) y el mar (2004), donde el autor se abre a la narrtiva y con la que ganó el premio de poesia Gil de Biedma. El segundo poema es escrito por Juan Manuel Macías, nacio en Cartagena el 1970. Es filólogo, helenista, traductor y tipógrafo. Colabora en diversos medios escritos. Tiene publicados la traducción y edición de las poesías de Safo y los libros de poemas Azul de enero (2003), Tránsito (2011) y Cantigas y cárceles (2011). Coordina la página web de DVD Ediciones. También escribe poesía, fuma en pipa y tiene muchos gatos.

El poema que yo he escrito es:



Odiseo, amado mio
yo te acogí,
todo te dí,
cuanto necesitabas te ofrecí.
Ahora soy yo, la que llorando
te dice clamando:
Quedate!

Calipso, debo irme
dejame marchar
huir y alejarme
con Penélope encontrarme
y de ti separarme.

Odiseo, márchate!
madera y provisiones te doy
sola y llorando quedo
dolida yo estoy.

Adios!

http://www.ivoox.com/calipso-audios-mp3_rf_930982_1.html

25 de octubre de 2011

Eco y Narciso

MITO DE ECO Y NARCISO

Narciso, en la mitología griega era hijo del río Cifiso y de la ninfa Liriopea. Dotado de gran belleza, no era nada sensible a los sentimientos amorosos. Cuenta la leyenda que viendo su imagen reflejad
a en las aguas quedó impactado con su propia hermosura y cada vez que sumergía sus brazos en el agua para tomar su propia belleza, la imagen desaparecía. Es el símbolo de una flor que lleva su nombre debido a que en el lugar de su muerte crece una flor hermosa con el nombre de Narciso.
Acerca de su mito se pueden encontrar varias ver
siones; una de ellas es la historia de amor entre él y la ninfa Eco: este triste mito habla de pasión y rechazo y lo que es más importante es que si no nos conocemos a nosotros mismos, nunca podremos ofrecer amor a los demás. La
hi
storia cuenta que Narciso era conocido por su hermosura y era muy querido por los suyos. Su madre, desde que éste era muy niño, consulta a un adivino que le advierte que para que su hijo llegue a la edad madura no puede conocerse a si mismo. Debido a su belleza las ninfas se enamoran de él y en especial la ninfa Eco, que no podía confesarle su amor porque había sido castigada por la diosa Hera por el motino de que la entretenía mucho y Zeus aprovechaba la ocasión para mantener citas con otras: la ninfa solamente podía pronunciar la última palabra de lo que escuchaba por boca de los demás. Narciso la rechaza y esto provoca en ella crueldad y tristeza, de modo que desearía vengarse.
Al final ambos sufren: Eco por su ira silenciosa y Narciso
por la obsesión hacia su propia belleza. Cuenta la historia que Narciso, admirando en el río su hermosura cae al agua y esto produce su muerte. Eco quedó enamorada de una imagen idealizada, hasta tal punto que llena de pena y de tristeza se refugia en una cueva donde va consumiendo sus penas hasta su extinción.



Buscando en la música clásica alguna canción relacionada con esta triste historia, que trata sobre el amor no correspondido y sobre el desdén, encontré este precioso vídeo que os dejo a continuación:




Esta canción es del compositor y teórico alemán: Christoph Willibald Gluck que nació en Viena en 1714. Se formó en Milán donde recibió lecciones de composición de Givanni Battista Sammartini. Escribió Eco y Narciso, en 1779; fue su última obra trás la cual sufrió un atque de apoplejía y pasó sus últimos años de vida en Viena. Esta composición de Gluck no tuvo mucho éxito en aquella época por lo que hoy en día tampoco se le ofrece
demasiada importancia. No sólo compuso Gluck esta ópera de tema mitológico, así podríamos escuchar Orfeo y Eurídice, su obra más conocida, Alcestis (1767), Ifigenia en Táuride (1779)...

Siguiendo mi búsqueda encontré este otro vídeo que os dejo a continuación:






Esta pieza es del compositor Nikolai Nikolaevich Tcherepnin que nació en San Petesburgo en 1873. Compuso por encargo Narcisse et Echo en 1911. Este vídeo es la primera parte de la composición; es una especie de ballet ruso.


Otra pieza musical inspirada en el presente mito es la ópera del compositor italiano Domenico Scarlatti (1685-1757). Publicó Amor d'un ombra en Londres dándole el título de Narciso. La obra fue compuesta durante la época en la que estuvo al servicio de Maria Casimira, reina de Polonia. Es una de las pocas que se conservan hoy en día. También se le llama Aria di Eco.
En su recorrido musical se pueden encontrar otras óperas de tema mitologíco como: Ifigenia in Aulide e Ifigenia in Tauride(1713)... El título en concreto de la canción es: Non lo credo, non lo spero.



Rebuscando entre las muchísimas paginas web relaciones con la ópera y este mito fabuloso, encontré este poema: ''Narciso'' de Federico Garcia Lorca:

Narciso.

Tu olor.
Y el fondo del río.

Quiero quedarme a tu vera.

For del amor.

Narciso.

Por tus blancos ojos cruzan
ondas y peces dormidos.
Pájaros y mariposas
japonizan en los míos.

Tú diminuto y yo grande.
Flor del amor.
Narciso.


Las ranas, ¡qué listas son!

Pero no dejan tranquilo
el espejo en que se miran

tu delirio y mi delirio.

Narciso.

Mi dolor.

Y mi dolor mismo.



Hay que concluir que el mito de Eco y Narciso aparece reflejado también en la música moderna de hoy en día, y como prueba encontré una canción francesa.  Os dejo el vídeo a continuación: