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3 de febrero de 2011

Metamorfosis de Clítia

Metamorfosis: Es un proceso, por el cual un objeto o entidad cambia de forma, en la raíz latina es equivalente a transformación. Puede ser un ejemplo de metamorfosis el caso de las mariposas, que pasan por varias fases antes de ser mariposas adultas (huevo, larva, pupa y finalmente mariposa).

La metamorfosis inspiró varios mitos antiguos, los cuales eran los dioses o ninfas quienes se metamorfoseaban en alguna planta, en algún mineral o en algún animal. Historias como las de Dafne, Dríope, Las Helíades o Clítia entre muchos otros casos son ejemplos de estos mitos basados en este tema. El mito del que yo voy a hablar es el de Clítia y lo narraré desde la posición del Sol, puesto que éste presencia todo lo que sucede en el mito.


Afrodita me tiene un odio especial, puesto que puse en evidencia los amores adúlteros que poseía con Marte, ella se ha vengado haciéndome caer enamorado de la preciosa ninfa Leucótoe, hermana de la ninfa Clítia, la cual Afrofita ha hecho que se enamore de mi, ella se pasa las horas en su ventana observándome mientras yo observo a su hermana.
Un día decidí ir a ver a mi amada Leucótoe y me hice pasar por la madre de las dos ninfas, así que entre en la habitación de Leucótoe sin que ella supiese quien soy en realidad.
Clítia se dio cuenta poco después de que yo no la correspondía, sino
que yo amaba a su hermana y ella furiosa de celos fue a hablar con su padre, ella le dijo que yo había estado en la habitación de Leucótoe y el padre furioso enterró a mi amada sin que yo pudiese hacer nada por detenerlo, la enterró tan profundamente que ni siquiera mis rayos pueden revivir.
Lleno de ira pasé por delante de la ventana de Clítia durante nueve días, viendo como ella me seguía con la mirada en todas las posiciones que me colocaba, tras pasar los nueve días sin que Clítia comiera ni durmiera observé cómo poco a poco se iba transformando en un bonita flor, aunque pude ver que su cabeza seguía girando para poder seguirme por el cielo y seguir contemplándome desde su forma de flor.


Se dice que éste es el origen de la flor del girasol, pues esta flor gira sus pétalos hacia el sol siguiendo sus movimientos cada día hasta que se marchita.

2 de febrero de 2011

La metamorfosis de Eco.

Entendemos por metamorfosis; del griogo μετα- (meta), que indica alteración, y μορφή (morphè), forma; un proceso por el cual un objeto o alguien cambia de forma. En la mitología vemos muchos ejemplos de metamorfosis, un ejemplo son las metamorfosis de Zeus, para conseguir conquistar a las mujeres de las cuales se había enamorado. Otro ejemplo de metamorfosis es la de Eco, que os lo voy a contar poniéndome en su lugar como si yo fuera ella:
Mientras Júpiter jugueteaba con unas ninfas, yo me encargaba de distraer a su mujer para que no se enterase, ya que yo tenía mucho talento para contar historias y entretener a la gente. De manera que acepté el favor de encargarme de distraer a Juno para que Júpiter pudiera juguetear con ninfas y Juno no se enterase. Pero Juno no tardó en descubrir lo que pasaba, de manera que un día apareció muy enfadada ante mí y me gritó que mi hábil lengua la había traicionado y que a partir de ese momento reduciría al máximo el uso de la voz. Juno por haberla traicionado lo que me hizo fue que solo pudiera repetir las últimas palabras de la persona que me hubiera hablado, es decir que si no me hablaba nadie yo no podría hablar. Con el paso del tiempo ví a un joven llamado Narciso del cual me enamoré, pero no podía hacer nada por que no podía hablarle, de modo que me dediqué a seguirle. Él se dio cuenta de que a su alrededor había alguien y preguntó si había alguien y yo como repetía las últimas palabras dije alguien, entonces él dijo ven y yo le contesté lo mismo, a lo que el preguntó "¿porqué huyes de mí?", a lo que yo contesté "huyes de mí". Al final salí de mi escondite y lo abracé pero él me rechazó y me empujó y me dijo que antes moriría a que yo pudiera estar con él. Al decirme esto me quedé destrozada entonces me escondí por el bosque y poco a poco perdí el apetito y el sueño, la pena me adelgazó y la delgadez arrugó mi piel, la sangre dejó de circular y ya solo me quedaban los huesos que se convirtieron en rocas. Yo desaparecí pero mi voz no, ya que dede las montañas se siguen repitiendo las últimas palabras.

Aquí podéis ver una imagen de Eco, se trata de un cuadro en el que podemos ver representados a Narciso mirando su reflejo en el río y a Eco observando a Narciso, el hombre del cual se había enamorado pero a quien no le podía hablar.






La metamorfosis de Cipariso

Metamorfosis es un cambio, ya sea en la forma o en la vida. En la mitología es una transformación de un Dios en un animal, objeto u otra persona, como bien se refleja en los cambios de apariencia que nos muestra el Dios Zeus, en: lluvia de oro, cisne, águila, nube...

Hay metamorfosis de muchos personajes, yo por ejemplo voy a hablar de la metamorfosis de Cipariso. Cipariso fue hijo de Télefo y amaba a Apolo. Un día Apolo regaló una jabalina a Cipariso para que cazara, pero Cipariso por error mató a su ciervo con ella. Cipariso se puso tan triste que pidió a Apolo llorar la perdida del ciervo para siempre, éste aceptó y convirtió a Cipariso en un ciprés.

Ahora os dejo un fragmento donde explico la muerte del ciervo, he hecho en primera persona la descripción del ciervo ya que se habla más de él:

Yo era un ciervo sagrado para las ninfas de los campos, mis cuernos eran de oro, y bajando a mi espalda, me colgaban varios collares en torno al cuello también tenía un pompón sobre mi frente donde, brillaban unas perlas con pequeñas correas atadas se me movían.

Yo iba a las casas para que me acariciasen el cuello, ante cualquier desconocido. Pero aún así, antes que a otros, iba al mas bello de Ceos, Cipariso. Él me colocaba flores en mis cuernos, era como mi jinete ya que iba en mi espalda sentado a todos los sitios.

Hacía calor y me encontraba fatigado, me tumbé en la tierra y la sombra del árbol me quitaba el frío, en ese momento Cipariso me clavó una jabalina, y cuando me vio muriendo él también quiso morir. Febo le consoló y le dijo que con motivo a mi muerte llorase. Yo gemí y él, pidió a los Dioses que estuviera para toda la vida de luto. Entonces Cipariso se comenzó a convertir en un ciprés siendo este árbol el que se relaciona actualmente con el dolor de los seres queridos.





Esta es una obra en que se representa a Cipariso después de haber matado sin querer al ciervo.

1 de febrero de 2011

Metamorfosis de Dríope

Metamorfosis: es un proceso mediante el cual un objeto o entidad cambia de forma. Un claro ejemplo de metamorfosis es el cambio biológico que sufren los gusanos de seda cuando pasan a ser hermosas mariposas. En las lenguas romances su raíz latina ha dado lugar a transformación.

En la cultura griega, las metamorfosis han dado lugar a muchos mitos, como los de Zeus para conseguir relaciones extramatrimoniales, como la de Narciso, la de Dafne y muchas otras. Yo me centraré en la de Dríope.

Dríope fue una hermosa joven de la cual Apolo se enamoró y para estar cerca de ella se metamorfoseó en una serpiente. De esta unión surgió Anfisio. Ella se casó con Andremón el cual recibió al hijo de ésta como si fuese suyo también.

Un día, cuando Dríope llevaba a su hijo en brazos, llegó su trágico final el cual narraré en primera persona.

Llevaba a mi hijo en brazos y quise coger una bella flor que encontré en la orilla del río, para que el pequeño se entretuviese. En ese mismo momento, cuando la conseguí cortar, me dí cuenta que de ella caían gotas de sangre. Supuse que en ella se había metamorfoseado alguna ninfa. Recé e intenté alejarme pero todo fue en vano. Comencé a notar que mis pies quedaban anclados en tierra a modo de raíces y lentamente, algo parecido a una corteza me estrechó el cuerpo. Me encontraba desesperada y quería tirarme de los pelos pero ya no tenía y en lugar de cabello, en mi cabeza, había hojas. Junto a mí estaba mi hermana Íole, que creía que abrazándome detendría lo que me estaba ocurriendo. Cuando llegaron mi padre y mi esposo con intención de buscarme ya nada quedaba de mí, a excepción del rostro. Mi hermana me señaló y ellos me abrazaron y besaron. No podía dejar de llorar. Con gran esfuerzo logré articular algunas palabras. Les pedí, por favor, que rescataran al niño de las ramas de su madre, que le cuidaran y que cuando fuera un poco más grande lo acompañaran hasta aquí para que pudiera jugar junto a mí. Tras ello, ya no pude articular más ninguna palabra. Me había transformado en un árbol, el árbol de loto.


Según Ovidio las palabras que Dríope consiguió hacer llegar a sus familiares fueron:

“Si algún crédito se da a los desdichados, yo juro por los poderes divinos que no he merecido esta atrocidad. Sin culpa sufro castigo. He vivido sin hacer daño. Si miento, que me seque y pierda las hojas que tengo, y que me corten con hachas y me quemen. Pero al menos quitad a este niño de las ramas de su madre, y dadlo a una nodriza, y ocupaos de que debajo de mi árbol juegue.
Y cuando pueda hablar, ocupaos de que salude a su madre y diga entristecido: “Mi madre está oculta en este tronco”. Pero que tenga miedo al lago y no coja flores de los árboles y piense que todos los vegetales son cuerpos de diosas. ¡Adiós, querido esposo y tú, hermana, y padre mío!. Y otra cosa, si me tenéis algún afecto, defended mi ramaje de la herida de la afilada podadera. Y, puesto que ya no me está permitido inclinarme hacia vosotros, levantad hasta aquí vuestros miembros y acercaos para que yo os bese, mientras aún se me puede tocar, y alzad a mi hijito. Yo no puedo seguir hablando. Pues ya la blanca capa subcortical va avanzando por mi blanco cuello, y mi parte más elevada se está escondiendo. Apartad de mis ojos las manos. Que la corteza, trepando hasta arriba, me cierre sin vuestra ayuda los ojos moribundos”



EL MITO DE TISBE


Abraham Hondius: en la imagen aparece Píramo ya muerto en el suelo y Tisbe a punto de suicidarse para vivir eternamente juntos.

El término metamorfosis proviene del latín metamorphōsis, que a su vez deriva del griego que significa “transformación”. El sentido más preciso de la palabra, hace referencia a la transformación (o cambio) de algo en otra cosa.

La metamorfosis puede ser física o simbólica. El cambio de un estado a otro también puede ser denominado metamorfosis.
Para la zoología, la metamorfosis es el cambio de ciertos animales durante su desarrollo. En este proceso, el animal puede cambiar de forma e incluso de género. Es posible distinguir entre la metamorfosis simple, sencilla o incompleta y la metamorfosis complicada o completa.

“La metamorfosis” es, un cuento de Franz Kafka, publicado en 1915 con el título original de “Die Verwandlung”. El relato presenta la historia de un joven quién, sin explicación, se convierte en una especie de cucaracha gigante.

El mito de Tisbe :


Tisbe y Píramo eran dos vecinos enamorados a los cuales sus padres no dejaban ver y un día encontraron una grieta en un muro por la cual se podían comunicar y decidieron quedar esa misma noche para verse en la morera.

Tisbe llegó antes que él y esperando, de repente, apareció un león y ella corrió a esconderse pero se le cayó el velo (con el que el león estuvo jugando y manchó de sangre).Cuando llegó Píramo vio el velo lleno de sangre y pensó que el león se la había comido, se suicidó y cuando salió Tisbe de su escondite fue al lugar donde había quedado con su amado, pero vio que las moras ya no eran blancas, si no rojas y le hizo dudar de si estaba en el lugar de la cita, entonces fue cuando vio el cadáver de su amado, y se suicidó con él.
Shakespeare sacó la historia de Romeo y Julieta de este mito y los griegos creen que las moras son rojas porque al suicidarse manchó las moras de sangre.
En esta historia la metamorfosis se encuentra en las moras puesto que ya se quedaron rojas para siempre como muestra del amor prohibido que habían vivido los jóvenes.

Aquí narro la historia como la vivió Tisbe en 1º persona:

-Hola Píramo, soy Tisbe tu amada y vecina. ¿Quedamos esta noche cuando nadie nos pueda ver en la morera? -(él contesta que sí)

-Vale, allí nos vemos.
(Llega la noche y salgo silenciosamente para que mis padres no se den cuenta de que he quedado con Píramo, puesto que no nos dejan vernos)
- Que noche más bonita, me pregunto si estará ya en la morera.

- Vaya aún no ha llegado, mejor le espero aquí sentada en una piedra...

-¿Qué es ese ruido? Oh, no ¡¡¡ UN LEÓN!!! Voy a esconderme para que no me vea el león y me devore.
(Salgo de mi escondite para encontrarme con mi amado sin saber la tragedia que allí me espera).
-Será este lugar no recuerdo que las moras fueran rojas ¡OH DIOS MIO ESTÁ MUERTO! (lo abrazo).

-Sin él la vida ya no tiene sentido, voy a suicidarme.


Leda y el Cisne



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Esta escultura me llamó la atención por ser una obra tan moderna y actual, y porque su escultor Alex Palkovich dedica una parte de sus obras a la mitología (como podréis ver en el enlace que os he dejado bajo la imagen). En este caso, Leda ya no tiene ningún rasgo característico (sólo el cuerpo de mujer) y es una escena más sexual que otras como las representaciones pictóricas de Da Vinci o Correggio, por ejemplo. Observamos otra diferencia: la pose; en esta representación, ella aparece sentada completamente.




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Lucio Bubacco

Estas dos imágenes pertenecen a unas piezas de vidrio hechas por Lucio Bubacco, que se reconoce como un pionero en la representación de figuras humanas en movimiento con la técnica de vidrio a flama.
Estas representaciones de Leda y el Cisne pertenecen a una colección de obras mitológicas del artesano. Me ha llamado la atención por la originalidad y, una vez más, por su modernidad.
En estas obras ya no se representa tanto como una violación, sino que el autor ha querido reflejar la voluntad de Leda a contraer relaciones con el cisne.


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Vinogadov Alexandre

Esta escultura me ha llamado la atención, principalmente, por su tamaño. Se encuentra en El Parque Nacional de Esculturas de Pekín, y está realizada en bronce y piedra.
Otro aspecto que destacaría de esta obra es la agresividad que muestra; gran diferencia con las demás representaciones del mito, donde no se reflejaba esta ferocidad (la cual podemos observar en el rostro del cisne y su postura atacante).

31 de enero de 2011

La Metamorfosis de Dafne

Metamorfosis, según la Real Academía de la Lengua Española, es una "transformación de algo en otra cosa".
Mitológicamente, la metamorfosis es un recurso muy utilizado. Las historias de transformaciones de personas y dioses en animales o plantas conforman una gran cantidad de mitos. La mayoría están recogidos en la famosa obra "Las Metamorfosis" de Ovidio, gracias al cual han podido llegar a nuestros días estas maravillosas historias.

La historia de la que yo voy a hablar aquí tiene como protagonistas a Dafne y a Apolo. Todo empieza cuando Apolo se burla de Eros metiéndose con su puntería al disparar flechas, y él como venganza, lanza dos: una con la punta dorada (la que hace que las personas se enamoren), que se clava en el mismo corazón de Apolo; la otra con la punta de plomo, (que hace que las personas rechacen el amor), que se clavó en el corazón de Dafne. Apolo, perdidamente enamorado de Dafne, la persigue por el bosque, pero ésta, movida a causa de la flecha de plomo, le rechaza y reza al dios Peneo para que la metamorfosee, y de esta manera librarse de su cuerpo. Así es como acaba convertida en laurel, y Apolo, entristecido, hace de éste su árbol representativo.





Esta famosa escultura, de Lorenzo Bernini, representa la transformación de Dafne en laurel. Es de estilo barroco y fue esculpida entre 1621 y 1624. Esta estatua está hecha a tamaño real y está expuesta en la Galería Borghese en Roma.


Aquí dejo una historía un poco versionada de este mito, narrada por la misma Dafne:

Empecé a pasear por el camino que llevaba al lago, mientras me anudaba la cinta a la cabeza. El lago era el único sitio en el que realmente conseguía relajarme. Había vuelto a discutir con mi padre, el gran río Peneo, a causa de mi decisión. Siempre era igual. No aprobaba que me hubiera confinado en los bosques para guardarme de todos mis pretendientes. Me hastiaban. Sus atenciones me agobiaban y acababa por sentirme encerrada y tenía miedo. Sobre todo tenía mucho miedo.

Pero no fue hasta después de aquel extraño pinchazo, algo que sentí muy hondo en mi corazón, cuando decidí huir de todos aquellos hombres que admiraban mi belleza y guardar celosamente mi virginidad, igual que habían hecho otras deidades antes que yo.

No me consideraba importante por todas aquellas atenciones, al contrario. Me abrumaban, y pensaba que no necesitaba tantas. Además, todo aquello provocaba en mí un sentimiento de malestar, casi de culpa y creía que nunca podría amar. Pero entonces, cuando mi corazón se encogió, fue cuando supe que realmente sería así: ningún hombre podía ser amado por mí. Por eso supe que no podría seguir viendo a mis pretendientes, uno tras otro, intentando ganarse mis favores.

Por eso tomé aquella decisión. Pero mi padre siempre me lo reprochaba. Yo observaba con ternura como su preocupación por mí le hacía enfadarse hasta esos extremos. Decía “Me debes un yerno” o “Me gustaría tener nietos”. Sólo con decir eso, conseguía sacarme los colores. Para mí, la libertad que me brindaban los bosques y la naturaleza eran sagrados, y no iba a estropear su pureza, ni a sacrificar la mía ni siquiera por mi padre. Hubo una época en la que estuve dispuesta a hacerlo, pero ahora no.

Por eso, cada vez que discutíamos solía acercarme a él y rodeándole el cuello le susurraba: “Permíteme, amado padre, gozar de mi virginidad, como también otros padres les han permitido hacer a sus hijas”, le daba un beso en la mejilla y me marchaba de allí habiéndole dejado con una sonrisa. Sabía que esas palabras le dolían, pero a aquellas alturas ya no podía concebir para mí la vida conyugal. La misma discusión de siempre, y aunque solía conseguir calmarle, me malhumoraba y me entristecía por igual que no acabara de respetar mi decisión.

Mientras caminaba podía sentir en los árboles, en la energía que me rodeaba, que los problemas amorosos nunca me abandonarían. Siempre estaría ligada a ellos por la belleza que los demás descubrían en mí y tal vez eso fuera lo que más temía de ellos: nunca serían algo estable. Por eso prefería estar en compañía de los árboles.

Suspiré y acaricié la corteza del árbol que me quedaba más cerca. Entonces un escalofrío me hizo estremecer.

Por eso, cuando lo vi parado frente a mí en medio del camino, supe que todo iría mal. Enfrente de mí se encontraba nada menos que Apolo, que me miraba de una forma extraña. Extraña para mí, que en un primer momento no supe lo que significaba. Él observaba todos mis movimientos, mis pasos gráciles, el ligero movimiento de mis brazos, el ondear de mi pelo a causa del viento…

Mi primera reacción fue de pánico. ¿Qué querría tal divinidad de mí? Pero después… Después, aunque sólo fue un instante, sentí algo. Algo que, como su mirada, al principio no reconocí. No obstante, enseguida el pánico volvió y el temor a ser pretendida de nuevo me invadió. Sin embargo lo sentí como algo lejano, algo que no era realmente mío… Pero el miedo fue más grande que la curiosidad, y me encontré a mí misma corriendo, huyendo de aquella mirada que había logrado reconocer: amor, obsesión.

Él me siguió y con su profunda voz dijo:

– Dafne, hija de Peneo, no huyas de mí, que no te quiero ningún mal. Al contrario, es amor lo que me hace seguirte…– y eso fue lo peor que pudo haber dicho: incluso en mi bosque, mi espacio personal, el único sitio que me ofrecía paz había sido invadido por alguien que me “amaba”.-…Para, pues tengo miedo de que caigas y tus delicados brazos y piernas acaben heridos…-seguí corriendo, con todas mis fuerzas.- Tú no sabes quién soy, y por eso me huyes. No soy un pastor, ni un comerciante, ni un pobre desdichado de ciudad. Yo soy aquél a quien rinden adoración en Delfos, soy… - “Ya lo sé, ya lo sé, ¡Ya lo sé!” quise gritar en ese momento. Pero guardé mis fuerzas para seguir corriendo.-…Apolo.

Un dios persiguiéndome por el bosque, porque me amaba, y mi corazón que ansiaba ser libre más que nada, no sabía cómo afrontarlo. Un pequeño pinchazo en el pecho me hizo dudar y estuve tentada a pararme. Pero corrí y corrí por el bosque hasta que se agotaron todas mis fuerzas.

Entre entonces en un claro donde había una pequeña charca y me dejé caer junto al agua. Entonces supe que no tendría escapatoria. Me giré y observé como Apolo decía cosas que mis oídos ya no escuchaban. Me sentía lejos de mi propio cuerpo y de mi propia voz incluso cuando invoqué a mi padre: “Padre, te suplico que me ayudes, pues sobradamente sé que puedes. Transfórmame en algo que me quite de esta forma y este cuerpo que ha sido mi desgracia.”

En ese momento un calambre me recorrió. Pude sentir cómo mis pies se hacían uno con el suelo, mis brazos se estiraban y se quedaban rígidos, mi pelo se transformaba en hojas verdes. Pude sentir como mi sangre se volvía más densa y mi piel se resquebrajaba y se convertía en corteza. Pude sentir como mi cuerpo se quedaba estático y cómo mis sentidos iban desapareciendo.

Era el último momento y pude sentir cómo unos brazos, tan cálidos como el mismo Sol, me rodeaban y no pude evitar, girando lentamente la cabeza, que una lágrima resinosa cayera por lo poco que quedaba de mi rostro y quedara seca en mi corteza, y entonces, justo en aquel instante, creí sentir que se encogía mi corazón.

Foto: Planta de laurel.

30 de enero de 2011

La metamorfosis de Adonis


Una metamorfosis en la mitología griega es cuando una divinidad cambia su forma física, o la de otra persona, por otra para conseguir determinados objetivos. Las metamorfosis más conocidas son las de Zeus: para conseguir acostarse con quien quiera es capaz de transformarse en un toro blanco, en un cisne o incluso en polvo dorado. No siempre tiene por qué ser una divinidad la que cambie de forma pues cualquier dios puede, bajo forma de castigo, transformar a otros seres mortales (es el caso de Atenea y Aracne, que fue transformada en araña después de una rivalidad con la diosa).

Un ejemplo de otra metamorfosis es la de Adonis en una anémona, después de que, tras su muerte, Venus (Afrodita) le convirtiese en esa flor por amor. La madre de Adonis, Mirra, no veneraba a Venus y, como castigo, hizo que se enamorara de su padre. Mirra logró acostarse con su padre y cuando éste se dio cuenta de quien era su concubina intentó matarla. Por suerte consiguió huir, pero estaba embarazada y tan avergonzada que suplicó a los dioses que le hicieran algo. Éstos la convirtieron en un árbol y, mientras sufría la transformación, una ninfa lo observó todo. Cuando nació el bebe la ninfa lo cuidó y lo educó. Un día Venus estaba paseando con Cupido en un carro por el cielo y justo en el momento en que vio a Adonis en un río se pinchó accidentalmente con la punta de una flecha de oro de Cupido y se enamoró perdidamente. Al final Adonis muere y Venus le convierte en una flor.

Este momento recrea la muerte de Adonis:

Era una noche preciosa: la luna brillaba firme sobre el cielo, soplaba una suave brisa y no se oía ni el más mínimo ruido. Silencio, demasiada tranquilidad. La calma que precede a la tempestad, como debí suponer y no hice. Yo había salido a dar un paseo, como hacía todas las noches antes de acostarme, sin saber lo que el destino me deparaba, sin saber que en esa misma noche mi vida iba a llegar a su fin por la cornada mortal de un jabalí. Sí, mi vida con aspecto humano terminó allí, desangrándome y chillando, pensando en los buenos momentos que pasé en mi corta existencia junto a Venus. Pero ahora soy una flor, una anémona con pétalos rojos como la sangre y frágiles como un niño, y descanso bajo el árbol que me dió la vida y que, ahora si lo sé, era mi madre. Aún puedo recordar la primera vez que la vi, descendiendo del cielo en su carroza tirada por diez cisnes más blancos que la nieve, mirándome majestuosamente y pidiéndome que me acercase. Yo le hice caso, fascinado como estaba por su presencia y preguntándome qué podía querer la diosa de mí. Me pidió que le acompañara a dar una vuelta y, por supuesto, accedí.
Pasaron días, semanas y meses, y cada vez, desde que salía hasta que se ponía el sol, Venus venía y pasaba conmigo todo el día: unas veces cazábamos, otras pescábamos o simplemente nos dábamos un chapuzón en el río. Se notaba que estaba profundamente enamorada de mí, pero todo llega a su fin y el mío llegó aquella trágica noche. Sé que le dolió mucho el haberme perdido, pero no había nada que hacer. La herida era profunda y me desangraba rápido, y cuando ella vino ya había terminado todo. Estaba muerto y, por mucho que se empeñara, por mucho que se mesara los cabellos e intentara detener la hemorragia con sus propias manos, no podía hacer nada. Me veló durante toda la noche y como último consuelo para ella y como una última ofrenda para mí, me convirtió en una flor de una especie hasta entonces desconocida: una anémona.


Venus y Adonis, de
Antonio Cánovas




Imagen de una anémona




La metamorfosis de Jacinto.

¿Qué es una metamorfosis? Etimológicamente, derivado del latín metamorphôsis, que a su vez proviene de un vocablo griego (μεταμόρφωσις), significa transformación.

Es decir, un cambio; hoy en día aplicado tanto a lo físico como a lo psicológico. Pero si nos centramos en la cultura clásica y su mitología, encontramos historias en que las transformaciones son tan inverosímiles que son propias de cuentos de hadas. Pero ya todos conocemos más o menos cómo era la mitología y sus cuentos imposibles, así que supongo, esto no nos sorprende.

Las metamorfosis de Ovidio es una obra de quince libros escrita por el poeta romano Ovidio, en el que se narran muchas y variadas historias mitológicas que incluyen una metamorfosis de sus personajes. Una de ellas es la de Jacinto, y contaré su historia como si yo fuera él mismo:


La muerte de Jacinto (1801-1814)
Por Jean Broc. (Musées de Poitiers)

Siendo príncipe no me sorprendía que en las ciudades espartanas se hablara de mí.

Hacía días que oía rumores en las gentes, habladurías que me tenían a mí como protagonista y a otros tres hombres. No sabía demasiado de Tamiris, más que al parecer tuvo algún percance con divinidades por alardear de ser mejor músico quedando ciego, mudo y sin memoria. Menos aún conocía de Céfiro además de que era el dios que nos trae el viento del Oeste. Pero todo esto lo guardaba en mi memoria gracias a Apolo. No me importaba lo que hablaran de mí, de ellos o de él. Sólo aguardaba con ansias el momento en que me reuniría con mi dios. Siempre tan hermoso, iluminado por una luz que lo hacía parecer aún más divino y hacía brillar sus dorados rizos. Mi corazón se encogía cuando venía a buscarme como cada tarde, y la de aquel día no fue una excepción. Sentía que mis mejillas se teñían de un rosado leve y él, simplemente, me sonrió. Aquella tarde, junto al río Eurotas, decidimos no dedicarle tanto tiempo a la música para que yo consiguiese dominar el arte del disco. No dudé en sonreir y asentir ante tan emocionante propuesta, y corrí a colocarme algo alejado de Apolo para que él me enseñara la manera perfecta de lanzar el disco. Recuerdo cuan impresionado quedé al poder casi palpar la fuerza en el ambiente que empleó en su lanzamiento, y ese se transformó en el último recuerdo nítido que conservo. Sé que el viento sopló con tanta fuerza que tuve que cerrar los ojos por la impresión, sintiendo al momento un impacto tan doloroso en mi sien que todo se hizo negro, profundo e infinito. La voz de mi amado pronunciando mi nombre resonaba con eco, pero yo no pude responder por mucho que quise, mi boca no articuló palabra.

Ahora no veo nada, no puedo hablar ni tampoco moverme. No sé qué soy, pero sé que siento, que estoy aquí. La gente que pasa ante mí me llama hermosa flor y me acaricia, pero no lo acabo de entender. Yo sólo me pregunto si para mi dios sigo siendo hermoso, si todavía me recuerda. Anhelo el momento en que me vuelva a llamar por mi nombre, que me vuelva a llamar Jacinto.

Jacinto, joven príncipe espartano, amante del dios Apolo también era deseado por un afamado músico y por Céfiro, dios del viento. Apolo, a base de calumnias, se deshizo de Tamiris como rival, mientras a Céfiro se le consumían los celos por el amor que Jacinto desarrollaba hacia Apolo, y decidió como venganza y despecho terminar la vida del joven mientras practicaban el lanzamiento del disco, soplando con fuerza para que el objeto impactara en la cabeza del efebo. Apolo, para guardar su memoria sólo pudo metamorfosearlo en una flor, la Flor de Jacinto.

El nombre referido a esa flor, por supuesto, sigue siendo usado en la actualidad, haciendo posible guardar en la memoria el recuerdo del joven, como quiso Apolo al darle vida como flor.


La Flor de Jacinto.

26 de enero de 2011

Leda y el Cisne.



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"Leda e il cigno"
Antonio Allegri da Correggio
(1531-1532)

Leda con el Cisne es un cuadro de Antonio Allegri da Correggio, realizado en óleo sobre lienzo y pintado entre 1531 y 1532. Actualmente se encuentra en Berlín, Alemania.

Este cuadro representa la unión entre Leda y el cisne. Observamos en el centro a Leda desnuda, sentada al pie del árbol con el cisne casi rodeándola. En el lado izquierdo de éstos observamos un niño tocando la lira, Cupido.
Esta representación pictórica me resulta curiosa ya que a la derecha encontramos unas figuras femeninas, las doncellas, encargándose de la ropa de la misma Leda que está mirando como vuela el cisne que desaparece al margen derecho del lienzo. Esto se debe a que Correggio pintó este cuadro de forma que pudiera representar en él diversos momentos del mito. Así, en la esquina inferior derecha, volvemos encontrar a los protagonistas; esta vez Leda rechaza al cisne (Zeus) mientras se da un baño.

El conjunto de los distintos episodios en un mismo espacio es una referencia gótica, que se daría habitualmente en el Renacimiento.

(Aquí podéis encontrar una versión más clara de la obra)




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"Leda col cigno"
Leonardo da Vinci
(1515-1520)

Este cuadro es una evolución del boceto de Leonardo da Vinci de 1504, época del Renacimiento. Este artista realizó varios estudios de Leda estando de pie y arrodillada para dar con la postura idónea. También encontramos esta versión, donde los cascarones se sustituyen por, posiblemente, dos de sus hijos.

Además de las figuras centrales y, a su vez, protagonistas que esta vez aparecen de pie (en el boceto de Da Vinci aparece arrodillada porque así, según él, la relación con el cisne era más sencilla), es interesante la presencia de los cascarones en el lado izquierdo puestos por Leda y de los que salen Helena, Clitemnestra y los gemelos Cástor y Pólux.
En esta representación parece que Leonardo quiso darle una actitud insinuante a Leda por su pose y su expresión.



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Leda y el Cisne
Timotheos (Timoteo)
365 a.C - Siglo IV

Esta escultura de Timoteo me parece interesante porque representa a Leda protegiendo a Zeus (en forma de cisne) del águila que la ataca. Puesto que el águila no está representada se dice que es una "escultura abierta" y por eso, es necesario conocer la historia para comprender la pose de los personajes.
Además, el detalle de la sábana o túnica da cierto movimiento a la figura. Igual que en las otras representaciones, tanto pictóricas como escultóricas, se sigue mostrando la forma femenina del cuerpo de Leda medio desnudo.

La metamorfosis de Narciso

Un sinónimo de metamorfosis podría ser transformación. Así, ésta se produce cuando alguien experimenta un cambio: de forma, de vida. En la mitología clásica abundan ejemplificaciones de metamorfosis, bien para lograr sus propósitos (dioses como Zeus) o bien resultantes de un suceso poco favorable, como la que narraré a continuación:

La luz se filtró entre los árboles del bosque, iluminando el claro donde se hallaba una manada de ciervos. Era mi turno, sería una cacería perfecta. Eso parecía, hasta que confirmé la idea que había sospechado desde hacía unos minutos: alguien me estaba siguiendo. Aclaré mi voz y pregunté, decido, quién estaba allí. Recibí mi propia pregunta en respuesta, como si de un eco se tratase. Intenté despejar mi mente y olvidar el asunto, concentrándome de nuevo en los ciervos. Pero, mi incipiente calma se vio interrumpida por una ninfa que precipitó sobre mí. Otra pretendiente más. Impedí que me abrazase y le repetí lo que a muchos otros ya había dicho, que me dejase en paz.
Días después del suceso, volví a pasear por esos bosques. Fue curioso, de repente, sentí una creciente necesidad por beber. Recordé que no muy lejos de donde me encontraba, había un arroyo. En cuanto llegué, dispuesto a saciar mi sed, me incliné para acercarme al agua. Me detuve al observar una joven figura reflejada. La belleza que emanaban aquellas aguas era hipnótica, atrayente; podría haber pasado horas contemplándola. Aunque mi sed persistía, intenté olvidarme de ella, no me atreví a rozar el agua. ¿Cómo osar hacer desaparecer esa figura? Incluso cuando cayó la noche, la Luna seguía ejerciendo su acción reflectante sobre el arroyo, permitiéndome persistir en mi nuevo afán. El único medio que me recordaba mi existencia humana era una garganta en proceso de deshidratación.
Supongo que finalmente sucumbí y pasé horas así, simplemente observando. Hasta que mi humanidad desapareció y, con ella, mi deseado reflejo. En el lugar en el que yacía, dicen que hoy queda una hermosa flor, un narciso.

* Hay varias versiones del mito, he optado por la versión de Ovidio, la más divulgada, que cuenta con un Narciso vanidoso. En cambio, otra versión afirma que era un joven callado y reflexivo, que incluso ignoraba su belleza, puesto que su madre (la ninfa Liríope de Tespia) había sido advertida por el adivino Tiresias sobre la muerte mortal de su hijo, la cual tendría lugar al conocer su reflejo o simplemente al conocerse a sí mismo, por lo que su madre nunca le había dejado acercarse a un espejo.
También encontramos otros matices, como que Narciso se separa de sus compañeros en el bosque, y por ello, Eco, que le había estado observando durante días, se decide a confesarle su amor.
Cabe destacar el por qué Narciso escucha su eco como respuesta. Se debe al castigo que Hera había impuesto sobre la ninfa Eco al conocer que ésta la entretenía contándole historias para encubrir a Zeus, quien, mientras, aprovechaba para tener relaciones amorosas con las mortales. Tras el hecho narrado, sintiendo una profunda tristeza, Eco huye hacia una cueva, donde se consume hasta sólo quedar su voz. Los dioses intervendrían, ya que la urgencia por beber no es casualidad, sino que se explica como castigo de Némesis (diosa de la venganza).

Metamorfosis de Narciso 1937, Salvador Dalí. (Tate Gallery, Londres).

En este óleo, Dalí une la tradición clásica con las nuevas corrientes surrealistas. A su vez, deseó acompañar la pintura con un poema, que publicó en París el mismo año.
En la figura de la izquierda observamos a Narciso doblado sobre sí mismo, con la cabeza apoyada en la rodilla. Sobre el agua contemplamos su reflejo. En la derecha, aparece una mano que sostiene un huevo, del cual surge la flor de nombre homónimo a nuestro personaje. Cada lado del cuadro ha sido pintado con una tonalidad distinta, el izquierdo cálido y el derecho frío. Entre ambas manos, encontramos una masa de gente, pretendientes, tanto hombres como mujeres que han sido rechazados por Narciso.
Con todo ello intenta mostrarnos el amor, la muerte y la transformación haciendo uso de su propio método «paranoico-crítico».