28 de enero de 2010

EL ORIGEN DEL UNIVERSO. LA SOBERANÍA DE ZEUS (PARTE 1)

Al principio del universo solamente existía el vacío, al que los griegos denominaron Caos, un vacío, una confusión, una inmensidad vacua, negra y oscura en la que nada se distinguía. Era un abismo ciego, oscuro e ilimitado. Posteriormente, del seno de este Caos nació la tierra, a la que llamaron Gea; ésta era la antítesis de su progenitor representando un forma precisa sobre la que todo aparece dibujado visible y sólido. Gea representa la claridad, la firmeza y la estabilidad.

Después, de Gea aparecerá Eros, una exteriorización de lo que estaba mezclado en sus entrañas. Este Eros representaba el amor primordial, ya que no podía haber amor sexual en un universo en el que no habían sexos y en el que no existían más que (además de Eros) Gea y el Caos. Así, el primer Eros es una manifestación de la energía cósmica que fue llamada posteriormente “el viejo Amor”. Posteriormente a la aparición de Eros, Urano y Ponto fueron engendrados por Gea. Urano era su doble y su contrario, ya que el cielo estrellado era una copia tan sólida y tan firme y de las mismas dimensiones que ella. Con Ponto ocurre algo parecido, éste es la personificación masculina de todos los fluidos sobre la faz de la Tierra, Gea, y así, se convierte nuevamente en un contrario de su progenitora oponiéndose a la firmeza y la solidez terrenal.

Con todo esto tenemos configurados los primeros pasos del universo, un universo en el que pronto comenzarán a surgir los problemas. Urano no tiene otra función ni disposición que la de copular continua e incesantemente con Gea así que en su seno se desarrollan sus hijos. Estos hijos son, en primer lugar un grupo de titanes y titánides. Los titanes eran Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto y Cronos y las titánides Febe, Mnemósine, Rea, Temis, Tetis y Tea. En segundo lugar Urano y Gea engendraron dos tríos de descendientes, los Cíclopes, personajes monstruosos con un único ojo y relacionados a un metal cada uno de ellos (Brontes, Estéropes y Arges), y los Hecatonquiros, seres gigantescos, con cincuenta cabezas y el doble de brazos y una fuerza directamente proporcional (Coto, Briareo y Giges). Éstos, a diferencia de sus progenitores eran las primeras deidades individualizadas. Pero el problema del insaciable Urano, con el nacimiento de sus hijos era quizás peor pues con la continua presión que ejercía éste sobre Gea, sus descendientes no podían salir, y Gea se sentía cada vez más llena. Así que llamó a sus hijos para que la ayudaran y se rebelaran contra su padre. A éste llamamiento contesta el más joven de los Titanes, Cronos, quien tras haber fabricado su madre en su interior una hoz, un hárpe de hierro blanco, agarra con su mano izquierda las partes verendas de su padre y con la derecha, las corta. Así, Urano tras un grito de inmenso dolor se aleja rápidamente de Gea, y alejado pero sobre ella permanecerá por siempre jamás.

Pero abandonemos por un momento la descendencia de Gea y vayámonos a la del Caos. De éste, surgirán dos criaturas: el Érebo y Nix. Ambos representarán la noche, como una mera prolongación del oscuro y sombrío Caos. Pero a su vez se diferenciarán entre ellos ya que el Érebo es la fuerza de la oscuridad en un estado puro, incapaz de mezclarse con nada, mientras que Nix, en analogía con Gea, engendra dos criaturas opuestas a sí misma: el Éter, la luz celestial y constante, y Hémera, el Día, la luz diurna.

Volviendo ya tras éste paréntesis al relato anterior, al alejarse Urano de la Tierra al lugar donde permanecería eternamente y tas lanzar una maldición contra sus hijos, de su herida se derraman unas gotas de sangre que tendrían una gran transcendencia. De estas gotas nacen por una parte las Erinias, divinidades de la venganza por delitos entre parientes, potencias primordiales que se encargan de mantener el recuerdo permanente de una afrenta a alguien de la misma sangre, como le ocurrió a Urano con su hijo Cronos. En segundo lugar aparecieron los Gigantes que no eran exactamente dioses pero que encarnaban la violencia bélica y la fuerza bruta y que estaban atraídos por la fuerza homicida. Por último aparecieron las Melíades, guerreras con vocación por la matanza. En definitiva nada bueno surgió de esas gotas cargadas de violencia, matanza y muerte. Sin embargo, y en contraposición, del mismo acto nace Afrodita, una diosa engendrada por el mar y la espuma del esperma de Urano cuando Cronos lanzó sus miembros viriles al mar. Ésta navegó durante un tiempo y después desembarcó en su isla, Chipre, donde al caminar dejaba tras de sí un séquito de las flores más adorables. A este séquito se le denomina Eros e Hímero, el Amor y el Deseo. Este Eros, ya a diferencia del primero, encarna el amor sexual, el erotismo. Cronos con su acción ha instituido dos fuerzas completamente distintas y complementarias a su vez, la Éride, la discordia, la pugna en el seno de una familia o una comunidad la confrontación y disputa de lo que estaba unido y el Eros, el amor y la concordancia de algo tan diferente como lo masculino y lo femenino.