24 de mayo de 2009

La vida ateniense

LA VIDA EN ATENAS

El ocio y las fiestas

Los griegos no tenían unos entretenimientos demasiado extravagantes. Les gustaba disponer del máximo tiempo de ocio posible, pero no para colmarlo de actividades de toda índole. A muchos les complacía pasar el rato sin hacer prácticamente nada. Por supuesto, conseguirlo dependía casi siempre de la clase social. Los esclavos apenas gozaban de tiempo libre, a no ser que tuvieran la fortuna de haber sido comprados expresamente para acompañar a un señor en sus jornadas de ocio, como compañero de juegos o ayudante en labores de caza y de pesca. Los metecos y los ciudadanos libres que se involucraban personalmente en labores artesanales o agrícolas pasaban más tiempo trabajando que descansando. Los nobles, a pesar de sus ocupaciones en cargos públicos, sí solían gozar de más horas de ocio.

La charla

Una de las grandes aficiones de los griegos era conversar sobre todo tipo de temas, cosa lógica si se tiene en cuenta que esta sociedad contemplabas la retórica como un arte. La aristocracia se encontraba para charlar en los simposios, en los baños públicos, en el ágora, en las plazas y en las calles. En el fondo, cualquier lugar valía para pasar la velada conversando. Algunas personalidades destacadas por su dominio de la lengua eran muy solicitadas en este tipo de reuniones.

Las apuestas

A los atenienses les gustaba el riesgo de las apuestas. La posibilidad de ganar una fortuna o perderlo todo por un golpe de suerte les provocaba un gran entusiasmo. Una buena disculpa para jugarse el dinero eran las peleas de animales, preferentemente las de gallos adiestrados para el combate, las de perros o las de distintas especies ( como perros y gatos). Por lo general, las peleas se realizaban en los gimnasios. Se consideraba que éstas, además de servir para cruzar apuestas entre los asistentes, promovían el espíritu combativo de los jóvenes.

Los deportes

Los gimnasios y su entorno también servían para celebrar algunos juegos deportivos que contaban con especial aceptación entre la juventud. Ya por entonces existían diversos juegos de pelota, como uno en el que se empleaban unos bastones cuervos muy similares a los del hockey actual. Obviamente, también causaban sensación aquellas disciplinas deportivas que estaban incluidas en los Juegos Olímpicos, como las carreras de caballos o el boxeo.



Las fiestas

Atenas contaba con un apretado calendario de festividades religiosas. La mayoría eran de ámbito local y los ciudadanos estaban obligados a secundarlas. Algunos eventos llegaron a ser tan fastuosos que traspasaron fronteras y se convirtieron en auténticas fiestas panhelénicas.
Eso fue lo que ocurrió, por ejemplo, con la principal fiesta ateniense, las Panateneas, a las que acudían personas de todas las regiones. De alguna manera, esta fiesta se consideraba una especie de celebración del Año Nuevo en la que se conmemoraba el nacimiento de la diosa Atenea y de la ciudad de Atenas. Ocho días antes del comienzo de los ritos propiamente religiosos, se realizaban competiciones por toda la ciudad.
Eran los agones , pruebas deportivas, literarias, teatrales y musicales. Después llegaban los actos de homenaje a la diosa, entre los que destacaba la ofrenda de peplo, un gran manto decorado con motivos del combate librado entre Atenea y los gigantes. Esta prenda había sido tejida durante nueve meses por dos colegios femeninos de sacerdotisas. Camino de la acrópolis, el peplo encabezaba una procesión en la que participaban todos los ciudadanos de Atenas.


Friso de las Panateneas del Panteón por Fidias (440 A.c.).











Vasija con atletas griegos en una carrera.











Los simposios

Tanto en Esparta como en Atenas era bastante frecuente que los hombres se reunieran fuera de sus casas para hacer la comida más importante del día, que solía ser la cena. En Esparta este tipo de reunión se llamaba syssitia, y en Atenas, éranos. Pero mucho más sonados resultaban los encuentros gastronómicos que ofrecían los aristócratas, también en exclusiva a amigos masculinos, bajo el nombre de simposios.
Al llegar a la casa del anfitrión, los invitados dejaban que los esclavos domésticos les lavasen los pies, en señal de respeto, y las manos, puesto que para comer nunca se utilizaban cubiertos.
Después se iniciaba el banquete, por lo general compuesto por carnes y pescados, cuyo consumo se reservaba para ocasiones especiales. Terminada la comida, los participantes consumían vino, frutas y dulces durante horas mientras se planteaban debates o se escenificaban danzas.
Entre los aristócratas, los simposios llegaron a tener una gran importancia, ya que el anfitrión se jugaba su prestigio social en el éxito de la velada. Por eso, la preparación de los banquetes era muy minuciosa y no era extraño que se invirtiesen altas sumas de dinero para conseguir reunir los manjares y los vinos más preciados.

Crátera griega con escena del banquete.



















Tumba de Zambullidor en Paestum (V A.c.)

1 comentario:

Arantxa .. dijo...

Pues menuda vida llevaban los atenienses, ¿no? jejejeje

me gusta tu post, muy interesante! =D
un beso andri!