23 de octubre de 2008

Sobre los copistas medievales




Empezaré este post con la definición de copista:palabra que designa a la persona que reproduce libros a mano. De ahí su sinónimo, amanuense.
Destaca su labor en la difusión del libro hasta la aparición de la imprenta de tipos móviles en el mundo occidental, a mediados del siglo XV.


Así que retrocedamos mil años atrás en el tiempo para averiguar cómo, dónde y cuándo comenzaron a producirse los primeros antecesores de nuestros libros actuales y, por supuesto, para conocer a los hombres que se encargaron de su confección: los copistas y los iluminadores. Estos últimos se encargaban de ilustrar y decorar los textos con sus dibujos y perfectas miniaturas.


El copista, habitualmente monje, era el encargado de reproducir los libros, copiándolos. Un copista experimentado era capaz de escribir del orden de dos a tres folios por día. Una obra completa era trabajo de varios meses, así que podemos hacernos una idea del arduo trabajo que significaba copiar un ejemplar.
Las principales herramientas que utilizaba el copista eran: penna (pluma), rasorium (raspador), atramentum (tinta) y pigmenta (colores para iluminar).
Con la mano derecha, el copista sujetaba la penna y con la izquiera el rasorium, que le servía tanto como para corregir los errores en la escritura como para acabar de alisar las irregularidades del pergamino.
Gracias al trabajo de esos artistas, muchos de ellos anónimos, la humanidad dispone de verdaderas joyas que han perdurado y perdurarán a lo largo de los siglos.

Los monasterios se convirtieron en focos de cultura a lo largo de la Edad Media.La importancia de un centro monástico era directamente proporcional con la calidad y la cantidad de los libros que se copiaban y de los fondos de su biblioteca.Asi podemos concluir que la importancia tanto de los copistas como de los iluminadores y los monasterios ha sido esencial para el desarrollo y protección de las manifestaciones escritas.